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Dos tendencias diferenciadas dificultan toma de decisiones coherentes en la oposición

Este artículo, escrito en el año 2006, exactamente hace QUINCE AÑOS, demuestra por qué la oposición venezolana está dividida y en proceso de...



Este artículo, escrito en el año 2006, exactamente hace QUINCE AÑOS, demuestra por qué la oposición venezolana está dividida y en proceso de fragmentación. Si llega hasta el final lo comprenderá y sabrá quién lo redactó y dónde se publicó originalmente.
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Entre los adversarios del Gobierno hay estilos políticos contrapuestos. El estatus de la democracia, los peligros reales del chavismo y la posibilidad misma de asistir a las elecciones han separado, en cada nuevo capítulo de esta crisis, a la oposición dura. Para algunos voceros, sigue siendo factible aproximar los puntos de vista.

Las tareas pendientes de la oposición venezolana: la eventualidad de asistir a las elecciones, el imperativo unitario, un comando político coherente y un programa compartido, van a depender de la hasta ahora escasísima vocación demostrada por sus integrantes para ponerse de acuerdo.

La decisión de asistir a los reparos en el año 2003; las denuncias jamás demostradas sobre el fraude en el referéndum del 16 de agosto; el llamado a votar en las elecciones de gobernadores y alcaldes, y la exigencia de condiciones aceptables para asistir a las presidenciales, capítulos todos en los cuales se ha ido gestando un desacuerdo tras otro, parecen haber consumado en los partidos, asociaciones civiles, académicos, voceros y líderes de opinión la existencia de dos tendencias muy claras en el mundo no chavista. Una de línea dura y matriz conservadora, que considera al régimen una dictadura en toda la regla, ganada a la idea de crear espacios para la resistencia civil y no participar en estas elecciones por ninguna circunstancia; y otra más flexible, escéptica con la procedencia social y las expresiones políticas de la oposición radical, que interpreta que en el entramado legal del Gobierno hay espacio para presentar una pelea cívica, que acepta que en el pasado revocatorio las fuerzas de la oposición fueron derrotadas, y que está dispuesta a recorrer el camino electoral con todas sus dificultades.

Para algunos, los recurrentes desacuerdos de estas dos corrientes no son insalvables: de hecho, pueden ser llenados con un programa mínimo nacional compartido y un liderazgo convocador que pueda ser galvanizado en unas primarias.

Para otros, en cambio, no es sólo inevitable, sino saludable, que las dos tendencias aludidas asuman que sus diferencias son lo suficientemente hondas como para que cada una decida transitar el resto del año como lo juzgue conveniente.

Dentro de la primera tendencia hay una manifiesta vocación por hablarle al sector endurecido de la oposición, integrado mayoritariamente por la clase media y media alta, ese mismo que algunos analistas denominan "la sociedad democrática". Están preocupados por el tema de la propiedad privada y la debilidad institucional y hacen de las interpretaciones técnicas un asunto de principios. En líneas generales consideran "una ingenuidad" esperar un gesto de buena voluntad que venga de la acera opuesta.

Siguen convencidos de que el mundo opositor condensa el sentimiento abrumadoramente mayoritario de la nación.

En la otra tendencia hay un interés por ganarse la voluntad de los sectores blandos del chavismo y el universo ni-ni y articular un discurso que, aunque no pierda su talante cuestionador, le llegue a un auditorio nacional. Por tanto, se observa en ellos una aptitud para colocar las demandas y problemas sociales por encima de las preocupaciones sobre el desarrollo democrático del régimen actual. No consideran sacrílego el gesto de salir a hacer campaña; por el contrario, están dispuestos a participar en ella con todas sus dificultades. Si bien la primera tendencia revindica el interés del ciudadano sobre cualquier veleidad estratégica, en el segundo priva una interpretación política sobre los criterios técnicos.

Los integrantes de esta tendencia están dispuestos a reconocer que el chavismo domina las simpatías de, al menos, la mitad del país.

En la primera tendencia se encuentran Oscar Pérez y el Comando Nacional de la Resistencia; el cardenal Rosalio Castillo Lara; Oswaldo Álvarez Paz y Alianza Popular; el grupo de Tulio Álvarez; Antonio Ledezma; sectores empresariales cuya cabeza más visible es Rafael Alfonzo, y algunos analistas y voceros influyentes, como Marta Colomina, Aníbal Romero, Armando Durán, Carlos Blanco y Rafael Poleo. En esta parcela se acaba de inscribir un nuevo miembro: Acción Democrática. En la segunda corriente se pueden apreciar al MAS, Copei, Bandera Roja e Izquierda Democrática; los seguidores de las candidaturas de Julio Borges y Roberto Smith; los seguidores del gobernador Manuel Rosales; Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez; y otros analistas, como Kico y Fausto Masó.

Mayoría desmovilizada

En el primer grupo, observa Luis Vicente León, de la firma Datanálisis, se condensa lo que el ciudadano promedio considera "la oposición", en su acepción tradicional.

Tiene mucha resonancia en los medios y está políticamente muy motivado, pero no representa más de 15% del electorado potencial. En el segundo segmento persiste una actitud crítica hacia el gobierno de Chávez pero hay una desconexión con el diagnóstico hecho y las formulas ensayadas en el pasado para derrotarlo. Es un segmento menos motivado, pero cuantitativamente mucho más amplio, una parte de la cual termina derramado en el espacio de los ni-ni.

Para León, "la gente se ha acostumbrado a llamar oposición a los antichavistas radicales: esos que piensan que cualquier cosa que haga Chávez es negativa y que cualquier opción es mejor que Chávez, puesto que con una actitud menos intransigente éste jamás será derrotado. Interesadamente, Chávez la presenta como la única oposición existente. Que la oposición sea sólo la oposición radical constituye una falacia.

Normalmente suele confundirse la exposición comunicacional de este segmento, su presencia en los programas de opinión, con su impacto real en la gente. Las antichavistas radicales se creen por esto mayores que los que no lo son. Cometen un grave error y fallan en el análisis".

La composición del segundo segmento, dice León, "es mucho más heterogénea": "Son personas que pueden tener una actitud muy crítica hacia Chávez, pero que no comulgan necesariamente con la tesis de que cualquier cosa es mejor que él y que cualquier cosa vale para cambiar de gobierno.

Quieren salir de Chávez, pero están esperando por una propuesta, una alternativa de gobierno".

Dice León que, aunque las candidaturas que están en la calle y los partidos que se quieren desplazar de los extremos radicales están lejos de encarnar un sentimiento masivo, entre opositores no radicalizados y los ni-ni se agrupa 40% de la torta del electorado.

Los extremos pueden llegar a tocarse

Cipriano Heredia, de Venezuela de Primera, y Oscar Pérez, del Comando Nacional de la Resistencia, reconocen que en el universo de la disidencia hay dos estrategias con percepciones y matrices diferentes. Al respecto puede decir bastante una anécdota, relatada por el propio Pérez, que ocurrió en la marcha organizada el pasado 23 de enero: algunos militantes políticos de partidos de izquierda se negaban a entonar consignas en defensa del cardenal Castillo Lara.

"No digo que haya dos oposiciones —manifiesta Pérez—, hay dos visiones dentro de una misma oposición.

Una de ellas quiere participar en las elecciones a cualquier costo y otra que piensa que se debe respetar lo estipulado en la Constitución y la normativa electoral y exige condiciones mínimas para asistir".

"Hay dos estilos, dos formas de concebir la política dentro de la oposición", remarca Cipriano Heredia. "Una es la tradicional, que es la conocida, que no representa al país en su totalidad; y la otra, que apenas empieza a evolucionar políticamente, para hacer contacto con millones de venezolanos".

Heredia ve las cosas así: "La oposición es uno de los tres sectores que comprende el panorama del país, no el único. En este momento, además, no sobrepasa 15% de la población, según todas las encuestas".

"¿Qué es lo más importante para darle al país una opción viable?". Y se responde: "Enamorar a toda la población para un proyecto de país; no trancarse en una discusión de un candidato único en la parcela más pequeña de todas, la de la oposición".

Sobre el tema electoral, agrega: "Es curioso: hasta hace muy poco AD era el partidario número uno del 'como sea' cuando se hablaba de elecciones. Ahora colocan esta fecha perentoria, absurda, como esa del 31 de marzo como límite para que se cumplan las condiciones que exigen. Es un cambio demasiado brusco en un plazo muy corto de tiempo. El 31 de marzo, ellos lo saben, ni siquiera habrá un CNE escogido. Siento que detrás de esa exigencia ya hay una decisión cocinada. El juego apenas empieza; nosotros nos negamos a colocar una fecha límite como el 31 de marzo".

Participar exigiendo

Manuel Felipe Sierra, periodista y analista político, no piensa que las diferencias entre los dos matices exhibidos por la oposición sean tan lejanas. "Acá no se puede hacer una diferenciación entre sectores conservadores, de izquierda o de derecha. Si esta fuera una elección convencional, habría matices normales sobre temas rutinarios. Pero en una situación como ésta, en la que estamos en presencia de un modelo político que profundiza sus rasgos autocráticos, el debate es defender y rescatar la democracia".

Sobre ese parámetro, dice, será más sencillo articular acuerdos. "Yo pienso que la unidad se va a dar —agrega— y se va a dar por las bases. La institución partidista en este momento está muy debilitada; cualquier unidad gestada desde cúpulas no tendría viabilidad".

Para Sierra, la candidatura que interprete de manera correcta el descontento de la ciudadanía, que coloque en el centro del debate el tema de las garantías electorales, obtendrá rápidamente las simpatías de las mayorías, "Yo no renuncio a que vayamos todos unidos, eso se puede lograr", indica Liliana Hernández, voz discrepante de Primero Justicia. "Las posiciones pueden conciliarse. Lo que hay es un elemento que no puede olvidarse: un árbitro confiable, un RE auditado, la cuenta manual de papeletas.

Ningún candidato de los que está en la calle, ni siquiera el mío, está hablando de eso. No hay dos oposiciones: hay muchos egos sobre la misma mesa. En lugar de poner los puntos sobre las íes, se le está dejando el tema a los voceros radicales".

Al respecto, dice Cipriano Heredia: "No veo ninguna incompatibilidad entre asistir a las elecciones y exigir condiciones aceptables para participar al mismo tiempo. Para mí, ese dilema es inexistente. Quiéranlo o no, la campaña está en la calle. Eso, muy lejos de ser contraproducente, es sumamente beneficioso: tres o cuatro candidatos recorriendo el país con una propuesta.

Eso es lo que provoca celos en los voceros desgastados de la oposición tradicional.

La cuadratura del círculo unitario

¿Se dará la tan invocada unidad de la oposición? La inexistencia de un auténtico liderazgo complica notablemente cualquier prospección hacia el futuro.

En un universo tan plural y fragmentado, habrá que remar muy duro y desde muchos costados para que la creación de una plataforma política compartida o la convocatoria a unas primarias no concluya originando un engendro tan errático y desacompasado como la Coordinadora Democrática. Si bien unos comicios organizados por Súmate tendían para muchos un carácter salomónico, en otros sectores hay un inconfesado recelo a una medición previa. Piensan que es mejor lanzar nombres y propuestas a la calle y esperar a que las simpatías migren de manera natural hacia el mejor candidato.

Técnicamente, esto es lo que han decidido ya Julio Borges y Roberto Smith. Lo mismo se especula de Teodoro Petkoff. Por lo demás, el diseño de unas primarias transita un riesgo, señalado por Luis Vicente León: si la convocatoria no es la adecuada, a estas elecciones sólo acudiría el antichavismo duro de la clase media alta, un sector motivado, pero con un diagnóstico y una visión muy parcial e incompleta de lo que está sucediendo. "En ese caso, el candidato de la oposición representaría a un solo sector del país. Los antichavistas duros son claramente minoritarios. Sólo podrán triunfar masificando la tesis abstencionista".

ALONSO MOLEIRO
El Nacional - Domingo 19 de Febrero de 2006 / A/2

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